miércoles, 3 de enero de 2018

Imágenes diminutas, letras, y otras formas de rastrear tus correos electrónicos

Un correo electrónico llega a tu bandeja de entrada. El remitente te ofrece jugosos descuentos en el asunto, así que decides rasgar el sobre para descubrirlos. Sin embargo, no eres el único consciente de que lo has abierto: a hurtadillas, la empresa que te lo envía sabe no solo que has hecho clic, sino también la hora de apertura e incluso el lugar en el que estabas. Aunque no lo sepas, tienes un espía en el buzón.

Rastrear tus correos electrónicos sin que seas consciente de ello es más común de lo que crees. De hecho, más del 40 % de correos electrónicos enviados son  monitorizados. Así lo afirma un reciente estudio de la firma OMC, una empresa que ofrece ‘software’ para mejorar el uso del ‘email’.

Mientras que WhatsApp muestra un doble ‘check’ azul tanto al destinatario como al resto de miembros de la conversación, y además permite desactivar esa confirmación de lectura, el destinatario de un ‘email’ no puede darse cuenta a simple vista de que una herramienta de ‘tracking’ está haciendo de las suyas sin su consentimiento.

El lado oculto de los correos
Streak, Mailtrack o Yesware son algunas de las herramientas de ‘email tracking’ más utilizadas. Ahora bien, ¿cómo logran colarse en mi correo? Generalmente, el mensaje que se envía al destinatario incluye un píxel de seguimiento: una imagen transparente de tan solo un píxel de lado que se encargará del rastreo.

Una vez que el lector abra el correo y la imagen se descargue, la herramienta enviará una notificación para informar de que el correo ha sido abierto, la hora a la que ha sucedido e incluso el tipo de dispositivo usado. La práctica lleva tiempo siendo común entre las empresas, y la propia Google alude a los píxeles de seguimiento en la página de soporte de Double Click, su servicio de publicidad.

Las imágenes ocultas no son las únicas armas que estas herramientas cuelan en el código de los correos: los enlaces incluidos en el cuerpo del texto o incluso las tipografías personalizadas pueden estar al servicio de esa vigilancia. De hecho, Florian Seroussi, el CEO de OMC, destaca que han descubierto hasta 70 formas diferentes de acechar nuestro mail sin que nos enteremos.

Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Princeton corrobora que el ‘email tracking’ es una práctica muy extendida. Para demostrarlo, crearon un rastreador o ‘web crawler’ que buscaba y rellenaba automáticamente suscripciones de correo electrónico en 15.700 páginas. Tras analizar más de 12.000 correos de un total de 900 remitentes diferentes, se percataron de que había “una red de cientos de terceros” dedicados al rastreo gracias a métodos como los píxeles incrustados.

De hecho, el 70 % de esos correos contenía recursos categorizados como rastreadores y casi el 30 % enviaban la dirección del destinatario a al menos a un tercero. Además, en muchos casos, el rastreo continuaba si el destinatario pinchaba en algunos de los enlaces del ‘email’.

Google, Facebook, Twitter o Adobe figuran entre las principales empresas que recibían esas filtraciones recogidas en ese estudio, publicado en ‘Proceedings on Privacy Enhancing Technologies’. El trabajo de OMC destaca asimismo que las grandes compañías tecnológicas, como Facebook o Amazon, realizan un exhaustivo análisis de nuestras interacciones con un correo sin que nos demos cuenta.

En muchos casos, son los expertos en ‘marketing’ los que quieren conocer esa información. No en vano, según la firma, el 85 % de todos los correos que recibimos son boletines informativos, notificaciones o publicidad, y, de ellos, el 99 % son rastreados.

Pero no solo las empresas utilizan estas prácticas de ‘email marketing’ para cerciorarse de que abrimos sus mensajes y, de paso, conseguir algo más de información por el camino. Los usuarios de a pie cada vez utilizan más estas herramientas para vigilar a sus conocidos: socios, competidores, trabajadores e incluso parejas pueden usarlo para curiosear a escondidas. Según OMC, el 31 % de los correos que nos mandamos son “conversacionales” (es decir, no son correos automáticos de empresas) y, entre ellos, el 16 % son rastreados.

Ahora bien, para los investigadores de Princeton, no solo es preocupante para nuestra privacidad que una herramienta identifique cuándo consultamos nuestro correo, sino también cómo puede llegar a combinarse esa información con otros datos.

“Si una dirección de correo filtrada es asociada con una ‘cookie’ de rastreo, como pasaría en muchos clientes de ‘webmail’, el riesgo para los usuarios es enormemente mayor’”, ha defendido Steven Englehardt, uno de los autores de la investigación. Por ejemplo, si un usuario utiliza esa dirección de correo en varios dispositivos, los rastreadores podrían usar esa dirección para identificar y vincular los datos de seguimiento de esos aparatos.

En realidad, el rastreo de correo o las ‘cookies’ no son las únicas vías que utilizan las empresas para seguirnos la pista. Ese mismo investigador también acaban de demostrar que 482 webs de entre las 50.000 más populares según el ‘ranking’ de Alexa (como WordPress, Microsoft o Spotify) usan ‘scripts’ para registrar nuestras pulsaciones de teclas o los movimientos de nuestro ratón.

Luchando contra el rastreo de los correos
Aunque el ‘email tracking’ es una práctica muy extendida y no tiene consecuencias negativas directas para el destinatario, puede que nos inquiete que el remitente de nuestro correo rompa nuestra intimidad enterándose de cuándo abrimos sus cartas sin siquiera preguntarnos educadamente. Pero, ¿hay alguna forma de desactivar el invisible doble ‘check’ de los correos?

En la actualidad, ya existen diferentes herramientas que nos pueden ayudar a saber que estamos siendo rastreados. La extensión Ugly Email, disponible para Chrome, es una de ellas: identifica si un correo va a monitorizar nuestra interactuación con él, y nos alerta con el icono de un ojo en nuestra bandeja de entrada. PixelBlock, otra extensión, actúa de forma más activa: bloquea los intentos de seguimiento cuando se lee un correo, indicándolo también con un globo ocular. Por su parte, Senders, una herramienta creada por la propia OMC, limpia el correo eliminando los elementos que permiten el rastreo antes de enviárnoslo.

Pese a ello, las técnicas de ‘email tracking’ están en continua evolución y ninguna solución es infalible, así que los investigadores de la Universidad de Princeton recomiendan bloquear la descarga automática de imágenes del correo en caso de que se desee evitar el rastreo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hacerlo puede provocar que leer buena parte de nuestros correos sea imposible.




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